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  • Gabriel Mesa

Actualizado: 5 de abr de 2020


Se trata de un diálogo mudo pero determinante. El comprador europeo, japonés o norteamericano, está en la tienda por departamentos y tiene la posibilidad de escoger, entre un surtido proveniente de todo el mundo, el producto colombiano.

El momento, aún silencioso, resulta absolutamente crucial para nuestra empresa. De la forma como se resuelva ese diálogo dependerá el presente y el futuro de nuestras exportaciones y, por qué no, de la sobrevivencia de las compañías.

El tema, aunque no lo parezca, tiene un profundo contenido jurídico: se trata del estricto cumplimiento de los estándares globales en materia laboral, contenidos en instrumentos jurídicos, convenios, ratificados por el país pero respecto de los cuales también las compañías están involucradas en su cumplimiento.

A la par con esos potenciales compradores, otros miles recorren también las góndolas pero sin la menor intención de adquirir nuestros productos. Son, quizás, fieles a otras marcas y no han pensado en cambiar. Sin embargo, en una casi cruel paradoja de los mercados globales, sí son compradores del ingrediente esencial de los bienes y servicios producidos por nuestra empresa: los valores en ellos contenidos.

Dicho ingrediente es el elemento común entre quienes adquieren o piensan adquirir nuestros productos, y aquellos que por una u otra razón no comprarán los productos pero sí su ingrediente esencial: la confianza social que nuestra empresa sea capaz de transmitirles.

Si algo caracteriza los mercados exigentes, y entiendo por ellos los de países altamente desarrollados, es la demanda de estándares éticos incorporados en la elaboración de los bienes y servicios que adquieren.

De los mercados de los Social and Ethics Nutrition Facts (Senf), surgió la necesaria referencia al hecho de haber contemplado en ellos las etiquetas nutricionales que transmiten al comprador la confianza basada en la certeza de saber exactamente lo que está consumiendo.

La gran paradoja del mercado global radica, justamente, en ese enorme y determinante nicho de los compradores globales de confianza a quienes debemos seducir y conquistar, con igual o mayor ahínco que a los tradicionales compradores de nuestros bienes y servicios, a pesar de saber que tal vez nunca se interesen por el bien o servicio en sí que les ofrecemos, pero quienes siempre querrán saber si ellos incorporan o no los Senf. Si su confianza, siempre en duda, se ve defraudada, se convierten en los más acérrimos contradictores de nuestros productos. Y si la guerra que ellos librarán contra nosotros, mediante el boicot, se lleva a cabo en las redes sociales globalizadas se traducirá en la muerte de nuestros productos en las góndolas de los mercados del mundo.

¿Qué representa un comprador global de confianza?, la respuesta es todo depende del color del cristal con que observemos. Serán una amenaza si para nosotros los estándares internacionales que expresan esos valores éticos (laborales, medio ambientales, Derechos Humanos, entre otros), son vistos por la empresa como un obstáculo.

Oportunidad, si entendemos la importancia no solo en términos de mercado sino de construcción de empresas éticamente sostenibles y de incorporarlos en el quehacer diario a partir de la decisión de la alta gerencia.

Esto también es un reto para las firmas de abogados: agregar valor a nuestro portafolio de servicios para robustecer la posición global de nuestros clientes.

Publicado en La República. Haga clic aquí para ver el artículo original.


  • Gabriel Mesa

Actualizado: 5 de abr de 2020


Decíamos en nuestra anterior columna sobre este tema (diciembre 12 de 2015), que no existe un derecho del boicot que regule esta forma brutal, salvaje e incivilizada de atacar a las empresas; su ausencia deriva en el desconocimiento de los más elementales derechos y deberes de las partes en conflicto: no existe el debido proceso, la lealtad procesal, las instancias; no hay reglas.

Lo entonces planteado es suficiente para cuestionar legítimamente tanto el boicot como la forma en que éste se lleve a cabo. Una sociedad que presume, a nivel universal, de su esfuerzo por sujetarse a reglas claramente establecidas que garanticen el respeto por los derechos de todos, no debería permanecer indolentemente muda ante este abominable fenómeno y debería estar llevando a cabo esfuerzos para adoptar reglamentaciones sobre el particular.

Aunque cuestionamos el boicot como una forma abyecta de justicia por propia mano, podría admitirse la permisibilidad del mismo bajo condición de una regulación internacional que reglamentara detalladamente su ejercicio, de suerte que sea lo que aparentemente pretende ser, esto es, una forma de llamar la atención sobre una empresa que no respeta ciertas normas en las cuales está interesada la humanidad, y no el ajusticiamiento que en realidad es.

Una de las más llamativas forma de expresión del boicot son los laborales; quizás también de los más comunes alrededor del mundo y respecto de los cuales deseo llamar la atención en relación con dos situaciones en torno a ellos.La primera tiene que ver con los cuestionamientos que en su momento formuló el Comité de Libertad Sindical de la OIT al gobierno de Australia, con ocasión de la expedición de una legislación mercantil que prohibía el boicot y que fue querellada ante el Comité por organizaciones sindicales, las cuales consideraron que de este modo se vulneraba la libertad sindical por cuanto privaba a las organizaciones de trabajadores, de acudir a dicho medio para atacar a las empresas que violaban las regulaciones de la OIT relativas a la libertad sindical y los derechos de asociación y de negociación colectiva.

El Comité, en efecto, consideró que al prohibir el boicot mercantil se vulneraron los derechos a que se contraen el convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de asociación, número 87, y el convenio sobre el derecho de asociación y de negociación colectiva, número 98.

Este pronunciamiento del Comité coincide con la segunda situación sobre la cual deseo llamar la atención, cual es que la propia OIT auspicia el uso del boicot. De hecho, en su Manual para la Defensa de la Libertad Sindical (2001 página 95) expresamente menciona: “Campañas con los consumidores: diseñar mecanismos de presión con los consumidores para boicotear los productos o servicios de empresas que violan los derechos y libertades sindicales”.

Desde nuestra perspectiva, resulta inaudito e inadmisible que desde la institucionalizad se enaltezca este mecanismo de justicia privada. Si la institucionalidad, incluida la de la OIT, resulta insuficiente para hacer valer los derechos de los trabajadores entonces hay que revisar y ajustar dicha institucionalidad, pero no suplirla ni generarle oscuros mecanismos alejados por completo del derecho, para proteger unos derechos pasando por encima de otros.

Es una lección muy poco edificante y sembrada, por demás, de insoportables cuestionamientos éticos.

Hasta la vista.

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  • Gabriel Mesa

Actualizado: 5 de abr de 2020


Resulta curioso arrancar esta columna hablando de la compra de un apartamento, pero el ejemplo es apropiado. Se imaginan ustedes si algún comprador de una vivienda en la tristemente célebre torre Space en Medellín, hubiera contratado un Due Diligence detallado antes de firmar papeles? Quizás no habría entregado su plata y se habría evitado muchos problemas.

No se acostumbra llevar a cabo un Due Diligence cuando alguien va a comprar un apartamento pues basta con cerciorarse que el vendedor es el propietario inscrito en el Registro de Instrumentos Públicos y que sobre el inmueble no gravitan limitaciones de dominio para salir felices a la notaría, emocionados por la vista que tiene el apartamento, su ubicación, el cuarto de los niños y un alegre etcétera para nada jurídico y que no garantizan el éxito de la operación.

¿Qué miramos en una fusión o adquisición de empresa? Hay quienes obran igual que usualmente hace la gente al adquirir el apartamento, ven lo mínimo, ni siquiera lo esencial; y luego aparecen los problemas, muchos de ellos de magnitud estructural, como en Space y otros edificios con similares inconvenientes, problemas que de haber sido conocidos o intuidos con anterioridad con toda seguridad habrían cambiado el curso de una negociación.

Pues algo semejante ocurre cuando se aborda el aspecto laboral de un Due Diligence empresarial y se deja por fuera todo lo relacionado con el componente relativo a las contingencias relacionadas con el Derecho Laboral Internacional lo cual, quién lo duda, resulta francamente irresponsable en tanto significa pasar por alto la reiterada -aunque absurda y torpe- jurisprudencia de la Corte Constitucional, que abre la puerta a la incorporación al ordenamiento interno y atribuye efecto vinculante a los pronunciamientos de los órganos que integran el Sistema de Control de la Organización Internacional del Trabajo, OIT. A modo de ejemplo, recordemos que ya en el pasado el Comité de Libertad Sindical (de la OIT) ha recomendado al gobierno el reintegro de los trabajadores despedidos como consecuencia de una huelga declarada ilegal siguiendo los dictados de las normas nacionales, cuando el Comité ha considerado que dicha declaración de ilegalidad vulnera la posición del mismo sobre el derecho de huelga. Aunque este es un debate doctrinario en curso en la OIT, es un asunto que no puede seguir siendo ignorado al momento de estructurar un Due Diligence. De igual modo, tampoco pueden desconocerse los convenios internacionales del trabajo ratificados por Colombia, de algunos de los cuales se han derivado obligaciones para las empresas.

Pero no se trata solamente del Sistema de Control de la OIT cuanto de otros escenarios internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en los cuales sindicatos y ONGs están haciendo valer los que consideran derechos humanos laborales vulnerados por las empresas.

Volviendo a nuestro ejemplo, existen muchos ítems que a pesar de no ser usualmente objeto de análisis al momento de adquirir una vivienda o una empresa, pueden llegar a ser de magnitud trascendental o, al menos, ameritan ser tomados en cuenta al momento de redactar las respectivas cláusulas de indemnidad, fondos de garantía, etc.

No siempre una excelente vista garantiza una buena compra. De hecho, se corre el riesgo de quedarse sin la vista y sin la compra.

Hasta pronto.

Publicado en La República. Haga clic aquí para ver el artículo original.