Buscar
  • Gabriel Mesa

Se le rinde pleitesía a la Corte Constitucional y en buena medida no sin razón, pero al igual que ocurre con cualquier persona, en más de una ocasión no ha medido las consecuencias de sus actos, de sus sentencias.

El mundo del Derecho está salpicado de vasos comunicantes, casi podríamos decir que el Derecho no son más que vivos ejemplos de estos y que la tarea del legislador, el gobierno y los jueces radica en buscar exitosamente el equilibrio, cosa que no es cuestión de simple y barata alquimia cuanto que de ello depende en muchas ocasiones el balance mismo de la sociedad.

De ahí el cuidado con que hay que analizar y regular los fenómenos del mundo del ser. Pues bien, este asunto tiene que ver con el derecho de asociación de los trabajadores y su inescindible relación con otros derechos como el derecho al fuero y, en particular, a la negociación colectiva. Pero también con el derecho a la libre empresa.Mediante sentencia C-567 del año 2000 la Corte Constitucional declaró inexequible el numeral 1º del artículo 357 del Código Sustantivo del Trabajo, que prohibía la coexistencia en una misma empresa de dos o más sindicatos de empresa, basada en la amplitud de este derecho conforme lo reglamenta el artículo 2º del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, número 87 de la OIT, ratificado por Colombia e incorporado al bloque de la constitucionalidad.

Si de ver solo este aspecto del asunto se tratara, no tendrían razón de ser las preocupaciones actuales de empresarios, gobierno y abogados laboralistas asesores de empresas. Sin embargo, lamentablemente no vio la Corte más allá de sus respingadas narices. Posteriormente, en 2008, mediante sentencia C-063, la Corte declaró inexequible el numeral 2º del mismo artículo 357, el cual establecía la directriz a seguir para la negociación colectiva en el evento de coexistencia de un sindicato de empresa con uno gremial o de industria. La Corte, en aras de un garantismo no cuestionable pero que en ocasiones le impide ver el horizonte de sucesos, pasó por alto al alcance de su determinación en relación con el delicado asunto, justamente, de la negociación colectiva.

En efecto, con estas dos sentencias la Corte rompió el equilibrio en torno al cual se estructuraban en nuestro Código Sustantivo del Trabajo los derechos de asociación y de negociación colectiva. Siendo este último corolario indisociable del primero, no podía la Corte entrar a analizar la exequibilidad del artículo 357 sin incorporar en ello otras disposiciones, relacionadas estas con el derecho a la negociación colectiva. Y lo hizo sin reparar en las consecuencias de ello y, menos aun, sin sentar una pauta para la definición de un nuevo equilibrio entre estos y, menos aun, en su relación con los derechos del empresario. Consideramos que la Corte omitió integrar en debida forma la proposición jurídica completa, esto es, no solo el artículo 357 sino también todas aquellas otras disposiciones del Código pertinentes a materias afines al derecho de asociación (fuero sindical negociación colectiva y, asústense pues aun no vemos este efecto, huelga).

Una pregunta desprevenida es si con ello la Corte acercó a nuestro ordenamiento el modelo de derecho de asociación y de negociación colectiva propio de las normas de la OIT. La respuesta es que la Corte tuvo en sus manos una linda oportunidad para hacerlo y la dejó pasar dejando, por el contrario, un profundo desequilibrio que afecta la libertad de empresa; una zona gris pantanosa nada saludable para la generación de un relacionamiento laboral sano para ellas, para los trabajadores y para el país en general; y al gobierno con el difícil reto de establecer, como lo está intentando con el decreto 089 de 2014, un equilibrio que se ajuste a la Constitución, a las normas de la OIT y a la entrópica y caótica jurisprudencia constitucional.

Llama la atención el esfuerzo del Ministerio de Trabajo por entender la importancia de conciliar los derechos de asociación y de negociación colectiva de los trabajadores, con la libertad de empresa consagrada también en la Constitución. A pesar del esfuerzo, es claro que el decreto no responde todas las preguntas surgidas como consecuencia de la ruptura de los vasos comunicantes.

Finalmente una pregunta: ¿Podrían encontrar las empresas en las normas y principios de la OIT relativos a la libertad sindical y los derechos de asociación y de negociación colectiva, algún camino hacía ese anhelado equilibrio? Nosotros creemos que la respuesta es sí.

Hasta la vista.

Publicado en La República. Haga clic aquí para ver el artículo original.


  • Gabriel Mesa
No es fácil, nada fácil lograr un pequeño espacio para nuestros productos en las góndolas de los mercados del mundo desarrollado. Eso lo saben bien quienes exportan. Una pregunta que nos surge es si los temas laborales pueden agregar valor que nos ayude a posicionarnos en esos mercados exigentes. La respuesta es positiva, y por paradójico que parezca, se logra utilizando justamente las debilidades de posicionamiento que en materia laboral ha tenido el país a nivel internacional.

El asunto arranca en los laboratorios de la Nasa. Resulta curioso tener que dar esa vuelta para entender mejor el quid de la cuestión, pero es una forma amena de explicarlo. La mayor dificultad para que un cohete viaje de la tierra a un cuerpo celeste lejano, radica en la necesidad de contar con una cantidad tan grande de combustible para el viaje, que haría tan pesado el cohete, que lo consumiría casi todo en el despegue. El combustible se vuelve el peor lastre. ¿Qué hacer para superar la paradoja? Bueno, lo que concibieron los científicos de la Nasa fue valerse de la fuerza centrífuga para sacar el cohete de la órbita terrestre es impulsarlo en dirección a la órbita de ese otro cuerpo celeste al que aspiran a llegar. Pero la fuerza centrífuga, que es la muchacha simpática de nuestra historia, tiene una hermana muy antipática y egoísta, la fuerza centrípeta, que insiste en no dejarnos salir y nos empuja en dirección a la tierra. Como ya se habrán dado cuenta, esta fuerza es íntima amiga de la fuerza de gravedad y ambas se asocian para impedirnos la conquista de otros mundos. Visto de otro modo, el hecho de tener consciencia de la importancia y capacidad de estas dos fuerzas es lo que nos ha obligado a aprender a valorar y a valernos de la simpática fuerza centrífuga, para explorar nuestro sistema solar.

¿Qué puede hacer entonces el empresario que desea insertarse o consolidarse en esos mercados globales exigentes, en los cuales temas como el laboral tienen un impacto cada vez mayor en la decisión de compra? Pues tomar consciencia de aquellas situaciones que podríamos llamar propias de las fuerzas centrípetas y de gravedad que rondan su actividad empresarial, susceptibles de lastrar su posicionamiento internacional y valerse de la fuerza “centrífuga” para lograr salir de la órbita de los negocios locales. Es decir, robustecer su relacionamiento laboral colectivo en aquellas áreas críticas que la comunidad internacional de consumidores observa con mayor interés, como es el caso de los derechos fundamentales en el trabajo acuñados por la OIT en la Declaración de 1998, y hacerlo de un modo en que esa comunidad pueda apreciar el compromiso empresarial con los estándares internacionales relativos a tales derechos. La realidad tras esta afirmación radica en un nuevo paradigma de los negocios internacionales, cual es que las empresas hoy en día venden no solo bienes o servicios sino lo que yo llamo “confianza social”, que no es otra cosa que la forma ética en que dichos bienes y servicios han sido producidos.

Y así como le tocó a los ingenieros y científicos de la Nasa conocer muy bien estas fuerzas y sus interacciones, y diseñar las naves y las trayectorias apropiadas para salir de la órbita terrestre e internarse en el espacio, así mismo le toca ahora a las empresas conocer esos estándares internacionales en materia laboral, así como la forma práctica en que estos pueden convertirse en la fuerza centrífuga necesaria para robustecer su presencia en esos mercados globales exigentes.

Saben las empresas, por ejemplo, ¿cómo atender aquellas situaciones críticas del relacionamiento sindical basándose en dichos estándares, o cómo evitar conductas discriminatorias en el empleo y la ocupación?. No saberlo equivale a andar a ciegas por el mundo de la globalización.

Adoptar esta línea de conducta implica un cambio en los esquemas culturales de las compañías, empezando por el hecho de desmitificar los estándares laborales internacionales, conocerlos a profundidad y, producto de ese conocimiento, desarrollar y aplicar las herramientas prácticas apropiadas para hacer de ellos la fuerza centrífuga que fortalezca nuestra presencia en los mercados globales y, de paso, la aplicación de los derechos de la empresa. Es un proceso de toma de decisiones inteligentes que se traducirá en una mayor seguridad en los negocios, unos niveles más altos de blindaje ante posibles acciones contra la empresa (denuncias nacionales o internacionales, boicots, etc.) y una más plena aplicación de los derechos tanto de los trabajadores como de la empresa. No es un proceso fácil, pero ¿quién ha dicho que ser empresario es cosa de coser y cantar?

Publicado en La República.

Click aquí para ver el artículo original.

  • Gabriel Mesa

No es fácil, nada fácil lograr un pequeño espacio para nuestros productos en las góndolas de los mercados del mundo desarrollado. Eso lo saben bien quienes exportan. Una pregunta que nos surge es si los temas laborales pueden agregar valor que nos ayude a posicionarnos en esos mercados exigentes. La respuesta es positiva, y por paradójico que parezca, se logra utilizando justamente las debilidades de posicionamiento que en materia laboral ha tenido el país a nivel internacional.

El asunto arranca en los laboratorios de la Nasa. Resulta curioso tener que dar esa vuelta para entender mejor el quid de la cuestión, pero es una forma amena de explicarlo. La mayor dificultad para que un cohete viaje de la tierra a un cuerpo celeste lejano, radica en la necesidad de contar con una cantidad tan grande de combustible para el viaje, que haría tan pesado el cohete, que lo consumiría casi todo en el despegue. El combustible se vuelve el peor lastre. ¿Qué hacer para superar la paradoja? Bueno, lo que concibieron los científicos de la Nasa fue valerse de la fuerza centrífuga para sacar el cohete de la órbita terrestre es impulsarlo en dirección a la órbita de ese otro cuerpo celeste al que aspiran a llegar. Pero la fuerza centrífuga, que es la muchacha simpática de nuestra historia, tiene una hermana muy antipática y egoísta, la fuerza centrípeta, que insiste en no dejarnos salir y nos empuja en dirección a la tierra. Como ya se habrán dado cuenta, esta fuerza es íntima amiga de la fuerza de gravedad y ambas se asocian para impedirnos la conquista de otros mundos. Visto de otro modo, el hecho de tener consciencia de la importancia y capacidad de estas dos fuerzas es lo que nos ha obligado a aprender a valorar y a valernos de la simpática fuerza centrífuga, para explorar nuestro sistema solar.

¿Qué puede hacer entonces el empresario que desea insertarse o consolidarse en esos mercados globales exigentes, en los cuales temas como el laboral tienen un impacto cada vez mayor en la decisión de compra? Pues tomar consciencia de aquellas situaciones que podríamos llamar propias de las fuerzas centrípetas y de gravedad que rondan su actividad empresarial, susceptibles de lastrar su posicionamiento internacional y valerse de la fuerza “centrífuga” para lograr salir de la órbita de los negocios locales. Es decir, robustecer su relacionamiento laboral colectivo en aquellas áreas críticas que la comunidad internacional de consumidores observa con mayor interés, como es el caso de los derechos fundamentales en el trabajo acuñados por la OIT en la Declaración de 1998, y hacerlo de un modo en que esa comunidad pueda apreciar el compromiso empresarial con los estándares internacionales relativos a tales derechos. La realidad tras esta afirmación radica en un nuevo paradigma de los negocios internacionales, cual es que las empresas hoy en día venden no solo bienes o servicios sino lo que yo llamo “confianza social”, que no es otra cosa que la forma ética en que dichos bienes y servicios han sido producidos.

Y así como le tocó a los ingenieros y científicos de la Nasa conocer muy bien estas fuerzas y sus interacciones, y diseñar las naves y las trayectorias apropiadas para salir de la órbita terrestre e internarse en el espacio, así mismo le toca ahora a las empresas conocer esos estándares internacionales en materia laboral, así como la forma práctica en que estos pueden convertirse en la fuerza centrífuga necesaria para robustecer su presencia en esos mercados globales exigentes.

Saben las empresas, por ejemplo, ¿cómo atender aquellas situaciones críticas del relacionamiento sindical basándose en dichos estándares, o cómo evitar conductas discriminatorias en el empleo y la ocupación?. No saberlo equivale a andar a ciegas por el mundo de la globalización.

Adoptar esta línea de conducta implica un cambio en los esquemas culturales de las compañías, empezando por el hecho de desmitificar los estándares laborales internacionales, conocerlos a profundidad y, producto de ese conocimiento, desarrollar y aplicar las herramientas prácticas apropiadas para hacer de ellos la fuerza centrífuga que fortalezca nuestra presencia en los mercados globales y, de paso, la aplicación de los derechos de la empresa. Es un proceso de toma de decisiones inteligentes que se traducirá en una mayor seguridad en los negocios, unos niveles más altos de blindaje ante posibles acciones contra la empresa (denuncias nacionales o internacionales, boicots, etc.) y una más plena aplicación de los derechos tanto de los trabajadores como de la empresa. No es un proceso fácil, pero ¿quién ha dicho que ser empresario es cosa de coser y cantar?

Publicado en La República.

Click aquí para ver el artículo original.